Una estudiante brasileña me quiso echar de la UBA
Fuimos a la Facultad de Ciencias Sociales a grabar un documental sobre el estado de la universidad pública y el nivel de politización de sus facultades. Terminamos increpados por dos militantes que decidieron que ahí no se filmaba. Una de ellas, según dijo ella misma, era extranjera.
Fuimos a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires para hacer un nuevo documental sobre el estado de la universidad pública y, especialmente, sobre el nivel de politización que existe hoy dentro de sus facultades. Recorrimos las instalaciones con la cámara prendida y mostramos lo que había: un patio deteriorado, un asado un viernes adentro del edificio, murales y banderas del Che Guevara, de Marx, de Palestina y un catálogo bastante completo de simbología vinculada al comunismo y al socialismo.
En medio de todo eso, casi no había lugar para una bandera argentina. No es un detalle decorativo: es la foto de qué se considera propio y qué se considera ajeno dentro de una institución que pagan todos los argentinos.
Lo que pasó cuando prendimos la cámara
Mientras recorríamos los pasillos y mostrábamos las mesas de las agrupaciones políticas, dos estudiantes de izquierda empezaron a increparnos para impedir que siguiéramos grabando. Una de ellas, según manifestó durante el enfrentamiento, era brasileña.
La escena terminó con una estudiante extranjera intentando echar de una universidad pública a un periodista argentino que había entrado a documentar lo que pasa dentro de una institución financiada por los argentinos. No hubo una autoridad, no hubo un reglamento citado, no hubo un pedido formal. Hubo un grupo que decidió por su cuenta que ahí no se filmaba.
La pregunta es inevitable: ¿qué es exactamente lo que no quieren que mostremos?
Quiero ser preciso con esto, porque es el punto donde más fácil se resbala: el problema no es que esa estudiante sea brasileña. Los extranjeros que estudian acá no son el enemigo de nadie y, como se ve más abajo, tampoco son el número que explica la crisis del sistema. El problema es la lógica de propiedad. Es la idea de que una facultad pública tiene dueños ideológicos, y que esos dueños se arrogan el derecho de decidir quién entra, quién pregunta y quién filma.
El debate de fondo
Detrás de los gritos y las discusiones hay una discusión mucho más profunda sobre cómo funciona la universidad pública argentina. En la propia Facultad de Sociales, un estudiante nos aseguró frente a cámara que los alumnos tardan en promedio alrededor de diez años en recibirse. Es un testimonio, no una estadística oficial, y así hay que tomarlo. Pero sirve para mirar los números que sí son oficiales, y que no son mucho más amables.
Los números del sistema universitario
- De cada 10 ingresantes, 2 se reciben
- La tasa de graduación de las universidades públicas argentinas es de 20,7 egresados cada 100 ingresantes. En Brasil son 27 y en Chile, 82. Informe “Radiografía de las universidades argentinas”, 2025.
- Entre 5,5 y 7 años dura una carrera de Sociales… en el papel
- La duración teórica que publica la propia facultad va de 60,5 meses en Ciencia Política a 77 meses en Comunicación y Trabajo Social. La duración real es otra cosa: en el sistema nacional, más de la mitad de los estudiantes no aprueba más de una materia por año y solo el 13,2% aprueba seis o más, que es el mínimo para cursar en el tiempo previsto. Duración de carreras, Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
- Entre 3% y 4% de los estudiantes son extranjeros
- Es el dato del sistema completo: 4,1% de pregrado y grado según los datos oficiales de 2022, 3,22% según el Anuario Estadístico 2023. En posgrado sube al 9,9%. Chequeado, sobre datos de la Secretaría de Políticas Universitarias.
- 36,2% en la carrera de Medicina de la UBA
- Ahí la proporción se multiplica por ocho: 14.121 extranjeros sobre 39.021 estudiantes en 2025, según datos de la propia UBA. En el total de la Facultad de Ciencias Médicas es 26%. Los brasileños son mayoría entre los extranjeros que estudian Medicina. La Nación, 29 de julio de 2026.
- Casi la mitad no tiene residencia permanente al empezar
- En el CBC y en el primer año, cerca del 50% de los estudiantes extranjeros no tiene residencia permanente. A partir de segundo año baja a menos del 30%. Es el universo al que la reforma migratoria habilitó a cobrarle arancel. Datos de la UBA, 2025.
- 40% menos de inscriptos en Sociales
- Es la caída de anotados en las carreras de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en siete años. Comunicación pasó del top ten de carreras más elegidas al puesto 22. Chequeado, sobre datos de la UBA.
Sobre el punto de los extranjeros conviene ser honesto, porque es donde más se exagera en las dos direcciones. Un 3% o 4% del sistema no explica ningún colapso, y quien diga que sí está usando mal el dato. Lo que sí abre una discusión legítima es qué pasa en las carreras donde esa proporción se multiplica por ocho, y si tiene sentido que el contribuyente argentino financie de forma íntegra y gratuita a residentes no permanentes cuando en sus países de origen esas mismas carreras se pagan. Esa discusión existe, está abierta y hoy tiene un decreto atrás.
Nada de esto significa que la universidad pública deba desaparecer. Significa que un sistema donde ocho de cada diez que entran no llegan a recibirse, donde las carreras duran en la práctica bastante más de lo que dicen los planes de estudio y donde una facultad entera pierde el 40% de sus inscriptos en siete años, necesita como mínimo una discusión profunda y con los números sobre la mesa.
El problema ya no es solo educativo
No fuimos a una universidad privada ni a una sede partidaria. Fuimos a una universidad pública, financiada con los impuestos de todos los argentinos, incluidos millones que nunca pudieron pisarla y que probablemente nunca la pisen.
Si quienes estudian ahí consideran que no tenemos derecho a mostrar sus instalaciones, sus símbolos políticos, sus agrupaciones ni a preguntar por sus resultados, entonces la pregunta se vuelve todavía más importante. Nuestro trabajo es exactamente ese: ir, preguntar y mostrar. La universidad pública debería ser un espacio abierto para todos los argentinos, no un territorio reservado para una determinada ideología.
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